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EL PÁRVULO, ESE TRIUNFADOR FELIZ Mireya Rencoret Educadora de Párvulos
Los Ángeles, diciembre 2 de 2005. contactos: sermir2@sbcglobal.net UNA ACTIVIDAD DE PINTURA Y COMUNICACIÓN - DISCIPLINA En el primero de estos artículos dije: “Las educadoras de párvulos sólo sabemos del éxito escolar…”, porque las parvularias somos aquellas maestras que más conocen del éxito de sus educandos, porque compartimos su alegría de ser triunfadores, felices triunfadores y porque les damos las herramientas adecuadas para lograrlo. El niño va al Jardín a sentirse bien consigo mismo primero, a desafiarse con cada nueva tarea que emprende, a buscar y a encontrar sus propias respuestas a sus muchas preguntas, en un ambiente cálido, lleno de oportunidades, sin temor a fallar o a no recordar la respuesta correcta. A él se le permite explorar y probar sus interrogantes hasta descubrir el por qué con sus ojos y con todos sus sentidos, como por ejemplo: El niño tiene frente a sí la hoja grande en el atril, una hoja en blanco para la cual ya ha decidido los colores que quiere usar. A partir de ahí se lanza a dar pinceladas, a las que cambia colores cuando quiere. O se queda inmerso en un mismo punto, poniendo uno y otro color, casi sin parar. (Nos dan ganas de insinuar, “No sigas, que se te va a romper el papel”, como usábamos en tiempos no muy lejanos. Y no lo hacemos, porque hoy sabemos que eso no debemos hacerlo, tal como no le diríamos al escultor cuándo y dónde dar el martillazo.) Mientras tanto, nuestro párvulo feliz sigue avanzando, muy confiado, dando más pinceladas, trazando líneas rectas y curvas en una danza de colores. Que le fascina y nos fascina. Nosotras sólo observamos; es nuestra misión, no hacer recomendaciones ni darles instrucciones; sólo dejar que la expresión fluya, libre, espontáneamente. Observamos ese rostro que refleja absoluta concentración: Él está inmerso en cuerpo y alma en la realización de su aventura de colores. De repente, toma otro color y con él recubre su inicial decisión, hasta dejarla cubierta por completo de un tono café negruzco. El pequeño artista coloca el pincel en el vaso; se saca calmadamente el delantal; lo cuelga y me dice “I finish”, y se va, tranquilo y feliz a jugar a otra cosa. Por supuesto, para quien no está entrenado o no estuvo presente durante la realización del proceso sólo va a ver un horrible manchón sobre un papel, mal pintado. Porque no pudo ver ni podría hablar de toda la gama de sentimientos de libertad, independencia, gozo cromático, autonomía, lógica infantil y ese maravilloso dar rienda suelta a su imaginación que el niño aplicó, y que sólo nosotros tías y tíos – por ahora y con el conocimiento de expertos que esperamos se haga general algún día— sabemos extraer y valorar en todo su significado el beneficio que recibe el niño, no sólo para el hoy, puesto que nosotros no trabajamos solamente para este hoy, si no para su vida futura. Este pequeño, que ha sabido ser artista y expresarse con libertad, sin ser coercido ni juzgado, que supo expresarse a su modo, aprenderá a convivir con sus pares y con los mayores, ya que un niño al que se le entrega, con paciencia, amor y comprensión, una disciplina-comunicación que implique la habilidad de resolver un conflicto cuando aparece, por medio de la comunicación y la cooperación con otros, es un pequeño que aceptará posponer sus urgencias para encontrar una solución a los problemas. Escuchará porque sabe que será escuchado. Enfrentará sus conflictos con calma, pues le habremos dado las herramientas para hacerlo. Enfrentados a la situación de un conflicto, los maestros debemos aplicar las técnicas apropiadas a esa situación que, ya vimos en un primer artículo, son el problema que más a menudo se presenta en la sala de clases entre los pequeñines de entre dos y cinco años. Ya dijimos que es necesario encontrar la forma de resolver disputas ayudando a identificar el problema primero. Veamos: Una forma como usted puede ayudar a identificar el problema entre ellos, sería intervenir efectuando algunas preguntas, como por ejemplo diciéndoles “Ustedes están muy molestos. ¿Me puede decir cada uno qué pasó? Anímelos a enfocar la situación. Pregúntele a cada uno que comparta y explique lo que siente. Cuando ellos saben que serán escuchados se les quita algo de la urgencia que sienten. Pídales que sugieran una solución. Si necesitan ayuda, procúreles algunas opciones para que ellos las consideren. Involúcrelos al hacer las reglas para el grupo. Y si un problema persiste, invite al mismo grupo a proponer ideas para resolverlo. Los más chiquitos son menos verbales que los más grandes y tratan de resolver los problemas físicamente, ya sea golpeando, empujando, chillando y muchas veces mordiendo. Ayúdelos dándoles las palabras que sirvan para expresar sus necesidades y sus sentimientos. Enséñeles a decir “No me gusta que me empujes”, “No me pegues”, “Tú no puedes hacer eso” cuando se enfrentan a compañeritos que empujan o golpean o gritan. Eso establece una comunicación, es un punto de quiebre en una situación que puede convertirse en una espiral de efervescencia en aumento, cuando los chiquitines discuten o se sobreexcitan. Los niños mayores no sólo hablan más, sino que están más capacitados para entender los sentimientos que también otros puedan tener, al igual que ellos. Cuando tienen que tomar tiempo para reflexionar durante un conflicto, ellos a menudo se calman y escuchan lo que otra persona está diciendo. Esta empatía en desarrollo ayuda a los niños a ver posibles soluciones. Y, lo que es mejor, este tipo de comunicación activa el pensamiento de los niños, porque es una comunicación basada en ideas, sentimientos e imágenes mentales (y no cosas concretas), en la que aprenden un mecanismo vital para enfrentar problemas. Los maestros debemos tener presente que el niño hace cosas inapropiadas no porque sea malo o porque le guste molestarnos: Ese niño solamente se está dejando llevar por la gran energía que tiene cuando corre dentro de la sala, por su alegría cuando se ríe de un compañero, o cuando por frustración golpea a otro niño o niña. En el momento de la aparición del golpe en una disputa, o si corre peligro, es cuando debemos intervenir y actuar. Nos inclinamos frente a él, a la altura de sus ojos, y le pedimos que nos mire; entonces le explicamos por qué eso no está bien. O, o si el chiquitín se ha puesto en situación de peligro y si el caso lo amerita (como por ejemplo si no estamos muy cerca, debemos alzar la voz para evitar algo serio) diciéndole qué eso que está haciendo es peligroso o por qué no permitimos golpes en la escuela. . Al decirle por qué no debe hacer algo, usted debe ser muy específico pues al tratar de parar una a situación con un “No hagas eso” no le está diciéndole nada al niño, puesto que él no sabe que lo que está haciendo no es adecuado, ya que aún no tiene la información. Con esta disciplina-comunicación el niño aprende lo que es correcto o incorrecto de hacer. El conocimiento y entrenamiento para comprender esta increíble etapa del ser humano, nos da la privilegiada visión de descubrir, en lo que a veces parece ser una pelea o un experimento más bien riesgoso con objetos; o una forma poco usual y muy desordenada de una manera de usar materiales de arte; no como creando un problema para nosotros, si no como la experiencia de un proceso de pensamiento en el que los niños están involucrados, situación que nos pide aplicar una suficiente dosis de tolerancia para que la tarea de ‘solucionar un problema’ se realice adecuadamente, porque es necesario recordar que ‘las reglas son importantes de respetar, pero a veces es necesario doblarlas un poco para atender y alcanzar las necesidades de los niños, especialmente si nadie va a salir lastimado. Comunicándonos con ellos y enseñándoles a resolver conflictos por medio de la comunicación es que lograremos formar al hacedor de paz del mañana.© Artículo anterior:Reflexiones en torno a la educación temprana.
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