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REFLEXIONES EN TORNO A LA EDUCACIÓN TEMPRANA Por Mireya Rencoret*, educadora de párvulos. USA. * Iniciamos una serie de artículos sobre la educación parvularia escritos por una chilena que aceptó el desafío de reinventarse y demostró que la vocación es más fuerte que las decisiones administrativas.
(Fotografía de archivo) Con el corazón todavía puesto en Chile, a veces leo lo que está pasando en nuestro país respecto a la Educación Parvularia. De ahí nació el deseo de compartir lo que han sido estos 15 años de vivir en USA, estudiar de nuevo toda mi profesión (Educadora de Párvulos), recibir mi nuevo título como Profesora de Educación Temprana y actualizar mis conocimientos de maestra. El estar en condiciones de conocer en profundidad esta profesión, ayudada por lo que antes aprendí en mi país, con nuevos enfoques y nuevas técnicas, y la valiosa práctica en incontables Jardines privados y públicos de Los Ángeles, me ha llevado a intentar entregar una Guía Práctica de Educación Parvularia para una mejor aplicación de mucho de lo que ya sabemos. He aquí algunas consideraciones previas de lo que esa proyectada Guía contiene: La función de las educadoras parvularias ha sido siempre minimizada. Las tías son sólo niñeras, se dijo, sin valorar el aprendizaje que recibían los niños en el Jardín, porque siempre se asoció el juego con el ocio o, a lo más, con un pasatiempo. Sólo nosotras podíamos presenciar la evolución maravillosa de ese pequeñito, que llegaba lloroso y asustado a nuestros brazos, echando de menos terriblemente a su mamita, y que al correr de algunos pocos meses se tornaba en un niño seguro, feliz, teniendo amigos, habiendo aprendido muchas cosas, y sintiéndose más seguro física, cognitiva, creativa y socio-emocionalmente. Un pequeño que no sólo llegaba ahora riendo feliz al Jardín, sino que ansioso por estar en éste su otro hogar, pues eso es lo que tratamos de hacer, ¡hacerlo sentir en su hogar! El desconocimiento de esta etapa extraordinaria en la vida del ser humano ha sido puesta en su debido lugar debido al interés de investigadores y estudiosos de la Educación; gracias a la visión de personas iluminadas que intuyeron y estudiaron la real capacidad del niño, como Sigmund Freud, María Montessori, Eric Ericsson, Jean Piaget, Lev Vigotzky, entre otros muchos, es que pudimos rescatar esta etapa que hoy en día, y ayudados por la nueva tecnología de imagen cerebral, ha venido a ocupar el lugar que para nosotras, las maestras parvularias, siempre tuvo: Ser la base de todo conocimiento futuro. A pocos parece interesarles ver perder, en la medida que crecen, el entusiasmo de los niños por ir a la escuela, por hacer cosas: El sentimiento de fracaso que comienzan a enfrentar repetidamente parece ser una causa muy importante de analizar, pues el paulatino alejamiento de las actividades con material concreto, que se produce prácticamente al finalizar la etapa kinder, se hace evidente. El niño que aumenta un año más de edad, no obligatoriamente lo hace en su desarrollo total. Ahí, creemos, radica el error, cuando le quitamos al niño sus ansias manipulativas y lo introducimos de golpe en el mundo de las “actividades académicas” sin saber positivamente si está capacitado para ello, como desearíamos. ¡Cuánta diferencia con lo que ocurre en nuestro Jardín! Ellos no paran, jamás se cansan de descubrir y aprender algo nuevo, son como hormiguitas afanosas acumulando conocimientos. Las educadoras de párvulos sólo sabemos de éxito escolar, pese a que muchos despectivamente opinan: “¡Vaya qué gracia, si sólo van a jugar…!”. Lo que desconocen quienes así piensan es que estamos entrenadas para preparar y enseñar al niño de la única manera en que puede aprender: jugando, aplicando un currículo diseñado para entregar los conocimientos y la estimulación que llevarán al niño a un desarrollo total por medio del juego.
(Fotografía de archivo) Forzarlos, castigarlos, exigirles a hacer algo que está más allá de sus capacidades sólo nos lleva a lograr seres poco felices, que arrastrarán toda su vida una carga de frustración, como a muchos nos ocurrió. Aún hoy, y a pesar de toda la evidencia que nos da la investigación neurológica de imagen de cómo trabaja el cerebro, tenemos que luchar con los padres, muchos de los cuales sólo pueden haber tenido las experiencias basadas en la educación dirigida por el profesor, llena de memorizaciones y de lecciones apoyadas en destrezas, a quienes se les hace difícil reconocer el valor de una educación ‘basada en el juego’. Ellos sólo querrían ver llegar a sus casas muchas hojas de trabajo, mucho arte manual de material pre-cortado y en la cual la participación del niño es solamente engomar esos recortes y pegarlos “de acuerdo a las instrucciones del profesor”, “en donde el profesor indique” para que cada hoja quede “del modo en que el adulto lo haría” porque esto es lo más familiar y representativo de lo que es “escuela” para ellos. Trabajos de esta índole, eliminan la creatividad del niño, reducen su autoestima, porque pueden estar enviando el mensaje negativo de que “profesores y adultos son los únicos que saben, que tienen todas las respuestas correctas; porque los pequeños no saben.” ¿Cuántos adultos podrían, de buenas a primeras, apreciar y valorar un ‘glorioso’ collage hecho de material de desecho con el maravilloso esfuerzo de pensamiento y aplicación de la ‘solución de problemas’ que ha involucrado el producirlo? Es importante que ayudemos a las familias a que reconozcan los beneficios de la Educación Temprana, el valor del arte creativo, que es en el fondo la habilidad de ayudar a los niños a llegar a ser pensadores divergentes, a ver que hay más de una manera de hacer algo, que hay más de una manera de solucionar un problema. ¿Qué representaba para nosotros, y muchos otros, la clase de Música?: Memorizar una canción y bailar siguiendo pasos aprendidos. Tenemos que ayudar a ampliar estos conceptos, ayudar a las familias a reconocer el valor de la música y de los movimientos que los niños pueden crear. Cuando los padres conocen la importancia de la música libre expresiva, se sienten más aptos para compartir y animar nuevas exploraciones. Cada tipo de juego tiene para el niño beneficios sociales, emocionales, físicos y cognitivos. Veamos por ejemplo el juego táctil con arena, tierra, plasticina y yeso. Primero, los niños adoran jugar con estos elementos (al igual que algunos de nosotros, los adultos), pero es la calidad de experiencias en cada etapa de la vida la que deberá ser nuestra primera preocupación. El agua, por ejemplo, puede ser una salida para la diversión y la exhuberancia de un niño, pero al mismo tiempo puede ser también algo tranquilizador y aquietante. Puede permitir que se enfrasque en un juego solitario tanto como promover interacción social. El juego táctil permite a los niños expresar su creatividad, probar, experimentar, sin miedo a fallar. Es el miedo a fallar lo que nos limita. En cambio, si un montón de yeso fue muy grande para nuestro propósito, lo hacemos de nuevo y listo. ¿Cómo podría un niño aprender de otro modo el concepto de cambio de consistencia de la arena al agregarle agua para que sea más fácil de moldear? Sólo con el uso de estos materiales podemos enseñar al niño las características del mundo real, que únicamente se aprenden con los “ojos y con las manos adentro”. Debemos darle al niño constantes oportunidades para ser un ‘transformador’, que sea capaz de crear sus propias representaciones, capaz de usar su rica imaginación, para que se beneficie de todo el maravilloso aprendizaje que resulta de este medio en forma de ‘juego experimental’. De hacer creer que están construyendo un real castillo de arena, por ejemplo.
(Fotografía de archivo) Hay estudios que demuestran el impacto intelectual que el trabajar con materiales naturales afecta positivamente el grado de diferencia de desarrollo en los niños, lo que confirma que el juego táctil no es un lujo, es verdaderamente crítico. La Filosofía de la Educación Temprana está centrada en el niño aprendiendo naturalmente en situaciones de juego. Tal como los niños aprenden a gatear antes de caminar, y a ‘garabatear’ antes de escribir, ellos sólo podrán aprender matemáticas desarrollando previamente destrezas claves: Para que ellos puedan aprender las destrezas de los procesos matemáticos tienen que entender ‘las relaciones matemáticas’ en el mundo que los rodea, y estas destrezas son ‘formar patrones’, ‘agrupar’, ‘clasificar’, ‘ordenar’ y ‘seriar’, ‘comenzar a entender el concepto de número’, ‘resolver problemas’, ‘medir’, ‘estimar (hacer estimaciones)’, y ‘adquirir la percepción visual-espacial’. Desde luego, no podemos esperar que los niños adquieran las destrezas de un día para otro. Les toma muchos años el desarrollarlas totalmente, en algunos casos, buena parte de los años de la educación elemental. Recordemos ‘las diferencias individuales’, los niños se desarrollan en diferentes grados y tiempos. Igual que nosotros los adultos. Mientras unos reconocen rápidamente ‘un patrón’, otros pueden ‘estimar con facilidad una cantidad o una medida’, los niños también son a menudo mejores en algunos procesos matemáticos más que en otros, y esto es lo que debemos esperar y aceptar. Nuestro rol es proveerles con una gran cantidad de actividades que les ayudarán a ganar experiencia con estas destrezas básicas. Tales destrezas se desarrollan mucho mejor usando materiales concretos que los niños puedan manipular y explorar por su propia cuenta. No son destrezas para ser enseñadas; los niños tienen que descubrirlas y mejorarlas cada día. Volvamos a la práctica de “hojas de trabajo”, esta vez con sumas, restas y números, en lugar de ofrecerles actividades con materiales concretos y con las “manos adentro”. Si pensamos que los niños están siempre ansiosos por complacer; sabremos que ellos trabajarán en esas hojas porque es lo que les pedimos. Pero muchos, que todavía no están listos, fallarán. Tal es el riesgo que corremos al introducir a los pequeñitos en el trabajo académico muy pronto. Hay que recordar que si trabajamos estas destrezas muy pronto y muy decididamente, es posible que los niños logren adquirirlas, pero en el proceso habremos dañado su predisposición a usar bien estas destrezas por el vacío de conocimiento que implican. Y este ‘vacío’ se llenará con ‘ansiedad matemática’.
(Fotografía de archivo) Sabemos que a muchos adultos capaces e inteligentes la palabra ‘matemática’ les desencadena sentimientos de deficiencia o ‘ansiedad matemática’, un sentimiento con el que no nos sentimos cómodos ni competentes. Mucho de estos sentimientos provienen de experiencias matemáticas infantiles en las que fue puesto mucho énfasis en obtener respuestas correctas cuando el proceso de encontrar las respuestas no estaba todavía bien comprendido. Lo que nuestros jóvenes pensadores matemáticos más necesitan es un adulto que comparta su interés en matemáticas, necesitan de alguien que los anime a probar sus ideas y que comparta sus razonamientos, con la confianza y la seguridad de que serán aceptados, sin importar cuáles sean, y que el aprendizaje esté hecho en un contexto significativo y ameno. El Área de Ciencias debe ser una particular preocupación, porque como profesores de educación temprana tenemos el extraordinariamente importante trabajo de ‘construir las bases de todo aprendizaje futuro’. Si dejamos fuera el área de ciencias diciendo, como muy a menudo ocurre, eso vendrá más tarde, si no empezamos a incluir las ciencias en este período preescolar, estaremos cerrando una enorme ventana de conocimientos para muchos niños. ¿Cómo podemos pedir a nuestro país que alcance los máximos estándares si no desarrollamos a cada miembro de nuestra futura fuerza de trabajo en su mayor capacidad? Debemos asegurarnos que cada niño desarrolle todas las destrezas vitales; que cada niño experimente Literatura y Ciencia, Construcción con Bloques, junto con Juego Dramático, Arte, Música y Movimiento, Cocina, Matemáticas y Solución de Problemas. Todas estas áreas de aprendizaje realizadas con actividades y materiales adecuados al nivel de desarrollo estarán formando al niño ‘total’, emocionalmente, creativamente, físicamente, socialmente e intelectualmente preparado, capaz de trabajar en Solución de Problemas, ya que ésta no sólo apunta al niño total, sino que cruza todas las áreas: Solución de Problemas no debe ser tomada por descontado por ser una realidad que forma parte de nuestra vida. En vez de decir que queremos que el niño resuelva problemas, lo que podemos decir es que queremos dar a los niños oportunidades para solucionar muchos diferentes tipos de problemas, y que aprendan a valorar toda clase de pensamientos. Recordemos que a todos nos agrada ser capaces de hacer ‘de todo un poco’, de apreciar la estética, usar la tecnología, disfrutar de los deportes. Estamos conscientes de que cada cultura necesita gente que pueda solucionar todo tipo de problemas. Por supuesto, hay diferencias dentro de cada cultura y nosotros, como profesores, podemos ayudar a los niños a valorar toda solución de problemas, ofreciendo un currículo rico, utilizando muchas ‘preguntas abiertas’ y reflejando en voz alta su pensamiento y el pensamiento de otros. Otro aspecto de la solución de problemas es llamado Solución de Conflictos, que es encontrar la forma de resolver disputas que aparecen entre los niños. Como sabemos, éstos están entre los más comunes problemas que los niños enfrentan. Gritos de: “¡Es mío! ¡Yo lo vi primero!”, “¡Ella dice que no es mi amiga!” es lo que más se escucha en nuestros programas. Ayudándolos a aplicar las técnicas de solución de problemas podemos entregarles destrezas esenciales que les servirán por el resto de sus vidas. El resolver problemas, como cualquier otra destreza toma práctica, ya que es un proceso que incluye otras dos poderosas destrezas: ‘Pensar creativamente’ y ‘Críticamente”. El ‘Pensamiento Creativo’ está constituido por el pensamiento fluido, que emerge espontáneamente y que es la habilidad para dar ideas y por el pensamiento flexible, que es la capacidad de ver muchas posibilidades, o de ver objetos y situaciones en diferentes formas. Los niños son maestros en el pensamiento flexible, lo usan cuando transforman una olla en un sombrero o una banana en un teléfono. El ‘Pensamiento Crítico’ es la habilidad de separar un problema completo, o una idea, en sus partes. Mirando primero las partes de un problema se hace más fácil entenderlo y resolverlo. Pero la principal razón es que la destreza para solucionar problemas es que es una destreza esencial de vida en este nuestro acelerado mundo, en el que la única constante de la que podemos estar seguros es el cambio. Es imposible predecir lo que los niños necesitarán conocer o qué problemas enfrentarán en el futuro, pero sí sabemos que para prosperar en esta clase de mundo necesitarán ser capaces de usar adecuadamente sus destrezas de pensamiento y capaces de crear nuevas maneras de lidiar con ideas e información, y poder estar constantemente solucionando los siempre cambiantes problemas.©
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