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Martes, 28 de Enero de 2003 03:25:54

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


juan_carsour_bn.jpg (9487 bytes)El fantasma de la ópera

Por  Juan Carlos Sour Marulanda   (escritor)

Cuando uno se pregunta o reflexiona, en torno a los últimos avatares de la política nuestra de todos los días, no deja de inquietar o por lo menos a mí me sucede, la enorme cantidad de requiebros y recursos idiomáticos de que se hace gala, todos cargados de una enorme fuerza expresiva, lo que, sin lugar a dudas, refleja el talento literario de algunos conspicuos representantes de nuestra criolla fauna política.


En todo caso, y como muy bien decía César Vallejo, poeta grande del Perú, quien muriera en un viejo exilio en París, cuando hablaba de las palabras decía más o menos lo siguiente: cuando digo "lluvia" o digo "palo" es el sentimiento el que hace palabra. Por lo tanto, es la fuerza del sentimiento lo que le da sentido a las palabras, y es con ese mismo sentir con el que me gustaría confesar algunas cosas. En primer lugar, en torno a lo sucedido con la decisión del Partido Socialista de terminar con la exclusión del Partido Comunista -eso como elemento central-. Decisión, por lo demás, histórica, la que sin duda sienta el precedente.

Todo esto, más allá de sus alcances prácticos. Por otra parte, y como ha dado muchas vueltas el molino en torno a este tema y no me gusta colocarme en lugares comunes, quisiera sí señalar un tema que me parece a lo menos significativo y esto es el de las 'autoridades morales'. Digo esto porque, a lo menos, me resultó molesto el hecho de que, a propósito de lo acontecido con la Democracia Cristiana y su problema con la inscripción de los candidatos, se pusiera de relieve la autoridad moral de Patricio Aylwin, por sobre toda consideración por parte de la mayoría de los medios de comunicación, y no digo esto pretendiendo desconocer su calidad moral, sino y a modo de reflexión, el hecho es que da la impresión de que la calidad moral, que suele estar más ligada al poder, ya sea político, militar o religioso, es de por sí la más reconocida en un tema que tiene única y exclusivamente que ver con los valores del ser humano.


Por lo demás, existen muchos casos de personas que, teniendo una gran autoridad moral y no poseyendo poder alguno, hicieron un aporte importantísimo a la recuperación de la democracia. Es el caso del padre Pierre Dubois, Clotario Blest, entre otros. En todo caso, en relación a Clotario Blest un gran ser humano al cual me tocó conocer en los momentos postreros de su vida. Puedo decir que le debo mucho.
Aprendí que el valor de un hombre no se mide en centímetros o metros, porque todos tenemos distintas medidas, tampoco en dinero, oro o acciones, porque lo que medimos es tan sólo un reflejo grotesco de nosotros mismos.

En suma, puedo decir con absoluta convicción, que el valor de un hombre se mide en la medida de su grandeza y su miseria, o como dijera el gran Dowstoievski después de su experiencia en el exilio en la brutal estepa siberiana, "el hombre es el límite de todo lo posible". Bueno, por último, señalar en torno al título del artículo. Quiero decir dos cosas: una, la legitimidad no basta por sí sola. El derecho hay que tenerlo por supuesto, pero sin duda en estos tiempos en que la gente mide por nuestros hechos, más que por nuestras concepciones, en torno a cómo es o debe ser la sociedad que tenemos por ideal. Es tan sólo el trabajo constante, la gestión permanente al servicio de nuestra gente, el mayor aval...


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