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El
fantasma de la ópera
Por Juan Carlos Sour Marulanda
(escritor)
Cuando uno se pregunta o reflexiona, en torno a los
últimos avatares de la política nuestra de todos los días, no deja de inquietar o por
lo menos a mí me sucede, la enorme cantidad de requiebros y recursos idiomáticos de que
se hace gala, todos cargados de una enorme fuerza expresiva, lo que, sin lugar a dudas,
refleja el talento literario de algunos conspicuos representantes de nuestra criolla fauna
política.
En todo caso, y como muy bien decía César Vallejo, poeta grande del Perú, quien muriera
en un viejo exilio en París, cuando hablaba de las palabras decía más o menos lo
siguiente: cuando digo "lluvia" o digo "palo" es el sentimiento el que
hace palabra. Por lo tanto, es la fuerza del sentimiento lo que le da sentido a las
palabras, y es con ese mismo sentir con el que me gustaría confesar algunas cosas. En
primer lugar, en torno a lo sucedido con la decisión del Partido Socialista de terminar
con la exclusión del Partido Comunista -eso como elemento central-. Decisión, por lo
demás, histórica, la que sin duda sienta el precedente.
Todo esto,
más allá de sus alcances prácticos. Por otra parte, y como ha dado muchas vueltas el
molino en torno a este tema y no me gusta colocarme en lugares comunes, quisiera sí
señalar un tema que me parece a lo menos significativo y esto es el de las 'autoridades
morales'. Digo esto porque, a lo menos, me resultó molesto el hecho de que, a propósito
de lo acontecido con la Democracia Cristiana y su problema con la inscripción de los
candidatos, se pusiera de relieve la autoridad moral de Patricio Aylwin, por sobre toda
consideración por parte de la mayoría de los medios de comunicación, y no digo esto
pretendiendo desconocer su calidad moral, sino y a modo de reflexión, el hecho es que da
la impresión de que la calidad moral, que suele estar más ligada al poder, ya sea
político, militar o religioso, es de por sí la más reconocida en un tema que tiene
única y exclusivamente que ver con los valores del ser humano.
Por lo demás, existen muchos casos de personas que, teniendo una gran autoridad moral y
no poseyendo poder alguno, hicieron un aporte importantísimo a la recuperación de la
democracia. Es el caso del padre Pierre Dubois, Clotario Blest, entre otros. En todo caso,
en relación a Clotario Blest un gran ser humano al cual me tocó conocer en los momentos
postreros de su vida. Puedo decir que le debo mucho.
Aprendí que el valor de un hombre no se mide en centímetros o metros, porque todos
tenemos distintas medidas, tampoco en dinero, oro o acciones, porque lo que medimos es tan
sólo un reflejo grotesco de nosotros mismos.
En suma,
puedo decir con absoluta convicción, que el valor de un hombre se mide en la medida de su
grandeza y su miseria, o como dijera el gran Dowstoievski después de su experiencia en el
exilio en la brutal estepa siberiana, "el hombre es el límite de todo lo
posible". Bueno, por último, señalar en torno al título del artículo. Quiero
decir dos cosas: una, la legitimidad no basta por sí sola. El derecho hay que tenerlo por
supuesto, pero sin duda en estos tiempos en que la gente mide por nuestros hechos, más
que por nuestras concepciones, en torno a cómo es o debe ser la sociedad que tenemos por
ideal. Es tan sólo el trabajo constante, la gestión permanente al servicio de nuestra
gente, el mayor aval... |