![]() Palabras del autor. Como siempre, todo lo que escribo es sólo imaginación y no tiene vinculación alguna con la realidad. Por lo tanto, si alguien quiere ver en lo que he escrito reflejadas personas reales, lamento desilusionarlo, porque no es ésa mi intención. He escrito para satisfacer la inquietud de mis amigos que querían que me lanzara a la piscina. Ya lo hice y ahora la historia dirá la última palabra. Agradezco al gentil editor del periódico "La provincia", Arturo Pérez Durán, que acogió estos artículos y se atrevió a publicarlos. A él, mi eterna gratitud.
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Dromedarios y
asnos.
La sequía,
eterna compañera de nuestros valles transversales, ha unido en simbiosis a dos dinastías
que han profitado de su amparo. Unos, llegados
de lejanas tierras en que el desierto enciende hogueras en oasis decadentes; otros,
nacidos en el infértil terruño y acostumbrados a mimetizarse en los inhóspitos parajes cordilleranos. Ambos trabajando codo a
codo y uniendo sus sangres. El comercio y la minería
y, a veces, la agricultura, han sabido del empuje creativo de estas familias
que han dominado la escena por largos dos siglos en la provincia del Choapa. Sólo que en este
último tiempo y con el inicio del tercer milenio, agotadas las canteras de estas
sementeras, itálicos sones de lira, hispánicas guitarras y sonidos exóticos de catalanes instrumentos
inundan el aire y tres negocios nuevos y florecientes se vienen a instalar en las barbas
mismas de dromedarios y asnos que se han vuelto cegatones
e incapaces de escudriñar el futuro. Los Nech , los Milá y los
Ksic, le hurtan los huevos a las águilas
ancestrales. Y, a pesar de aires recesivos y de sus desesperanzadas sonatas, iluminan las
tinieblas e inician empresas exitosas: supermercados,
resorts y granminería, golpean fuerte en la forma de hacer
negocio. Dromedarios y asnos, sentados en la vereda del frente, se revuelven con estupor
al ver nacer nuevas estructuras nunca soñadas por sus mentes desprovistas ya de las
últimas neuronas. Sus narices ya no
sirven para husmear, ni sus ojos, para otear. El monitor del computador se les representa
en nada diferente de un televisor. Confunden el teclado
y el ratón y creen que internet es el que venden en sus ferreterías.
Tiendas que remedan aquéllas del desierto, sólo que éstas están rodeadas de gruesas
paredes de adobe, pero igual que aquéllas pueden ser levantadas para emprender una
honrosa retirada.
Ahora queda
saber, ¿quiénes vendrán a impulsar la agricultura esa agricultura nueva- que
surgirá de embalses y tranques que empiezan a nacer? ¿Y esta vez dromedarios y asnos
serán relegados al baúl de los recuerdos? ¿Habrá alguna reacción inteligente surgida
de las raíces autóctonas? ¿O seguirán aferrados a sus mesones desgastados donde han
amasado fortunas en pretéritos tiempos? Al parecer, ha llegado el momento, para estos
dromedarios, de levar anclas y, de no renovarse, morir... Claro que en otros lugares más
cálidos, en donde sólo de levantarse quedarán listos para descansar de nuevo...
Nuestros asnos, ¿lograrán sacudirse de su modorra? ¿Lograrán conseguir la milagrosa
receta del Supragggen o del Viagra empresarial que los impulse a emprender
nuevos negocios o simplemente se sentarán a observar como sus viejos trapiches se van
deteriorando sin tener minerales que moler? Entonces verán
aparecer como siluetas apocalípticas recortadas contra el horizonte a nuevos y geniales
emprendedores que, con su varita mágica convertirán en oro, el excremento; y, con su
jovialidad, conquistarán a las odaliscas de la Fortuna que bailarán para ellos como lo
hicieron alguna vez para nuestros propios dromedarios y asnos, envueltos en etílicos
vapores y delicadamente sumergidos en polvo de estrellas...
Publicado en "La Provincia", el 20 de mayo de 2002. |
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