La fauna mitológica del Choapa

Palabras del autor.

Como siempre, todo lo que escribo es sólo imaginación y no tiene vinculación alguna con la realidad. Por lo tanto, si alguien quiere ver en lo que he escrito reflejadas personas reales, lamento desilusionarlo, porque no es ésa mi intención.

He escrito para satisfacer la inquietud de mis amigos que querían que me lanzara a la piscina. Ya lo hice y ahora la historia dirá la última palabra.

Agradezco al gentil editor del periódico "La provincia", Arturo Pérez Durán, que acogió estos artículos y se atrevió a publicarlos. A él, mi eterna gratitud.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 






Fauna mitológica del Choapa
Por Juan Marambio Pinochet, escribidor

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Batracios y cangrejos.

Zoología fantástica.

Por  Juan Marambio Pinochet, fabulador o ¿fablador?

La fauna mitológica del Choapa alberga en su seno diversas especies. Identificadas con los ricos microclimas que abundan en estas orillas oceánicas y cordilleranas, sobreviven o pululan en diversos medios de la vida social.

 Los batracios son entes premunidos de la capacidad de hincharse a dimensiones increíbles con su propio aire interior. Se los encuentra dedicados a diversas actividades, aunque en este último tiempo han dado en parapetarse en el siempre oportuno muro de la instrucción. No hablamos de educación, sino de esa rama espúrea y engañosa de la mera repetición de contenidos muchas veces vacíos de las profundidades filosóficas, necesarias para la vida espiritual de los pueblos. Utilizan formas rebuscadas de expresión como ‘vectores aberrantes’ o ‘hablan de ‘construir aventuras’, no pocas veces los hemos escuchado referirse a la ‘masa crítica’ y otras linduras que los llenan de orgullo en su soberana soberbia. Las aventuras se emprenden, se inician o se continúan, pero ¿cómo se construyen? Difícil imaginar a un personaje ‘construyendo’ aventuras, en vez de ‘aventurarse’ a emprenderlas...

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Los cangrejos son criaturas torpes, aunque se sienta mucha ternura verlos en su ingenua majestad jurando que avanzan, cuando en realidad van caminando hacia atrás. Se ubican con mucha facilidad en los gobiernos comunales de la provincia y manejan cantidad inmensa de recursos que invierten en lo que ellos creen que es el progreso. Claro, un progreso que los lleva siempre a contar con la aceptación de la mayoría: se rinden al populismo y malgastan los dineros olvidando aquello de que hay que enseñar a pescar en vez de regalar el pescado. Pero el negocio rinde buenos dividendos y como la maquinaria mal llamada ‘democrática’ permite estas movidas, ellos simplemente la utilizan. Ninguna culpa podemos atribuirle al porcino sino a quien le proporciona el sustento. Y es la imperfecta democracia protegida la que permite el caldo de cultivo de esta especie y de otras que iremos conociendo a medida que caminemos este sendero haciendo camino al andar para descubrir, tal vez, que sólo son las huellas propias el camino y que las pisadas se vuelven invisibles o sólo efímeras como estelas en el mar.

Los batracios tienen la cualidad de irse de lengua en cuanta ocasión se les presenta y se equivocan a menudo en sus peroratas. Es que carecen de una interfase eficiente que conecte pensamiento y lenguaje. Algunos solemnes y eminentes catedráticos opinan que carecen de pensamiento, pero eso permanece en tierra dividida y aún  no logra ser una verdad evidente. En cambio, a  los cangrejos, cubiertos de una dura caparazón, no les entran balas. Bonachones, arribistas, aunque un tanto rastreros, se deslizan en cualquier terreno –alguien los llamó los ‘todo-terreno’ de la polis- y parece ser así. Hablan poco, pero muy regado. Su acción es directa y nunca dan puntada que carezca de hilo. Son eficientes, efectivos y eficaces en la administración de las culpas ajenas y de los erarios, ajenos también, pero tan tentadores.

 Unos y otros, batracios y cangrejos, se retroalimentan mutuamente, militan en los mismos bandos o en bandos cercanos y protegen sus intereses demarcando los territorios en que cada cual actúa. Cuando no son beneficiados, son jurados y así van accediendo a los recursos o fondart que rinden jugosas ganancias administrados por bellas titiahubert regionales que no saben si cultura es lo que creen o lo que ignoran. De esa manera, las parcelas producen, las arcas no se agotan y ellos pueden eternizarse en el ejercicio placentero del poder. ¿Hasta cuándo?

(Publicado en "La Provincia", 29 de julio de 2002)

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