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Batracios y
cangrejos. Zoología fantástica. Por Juan
Marambio Pinochet, fabulador o
¿fablador? La fauna
mitológica del Choapa alberga en su seno diversas especies. Identificadas con los ricos
microclimas que abundan en estas orillas oceánicas y cordilleranas, sobreviven o pululan
en diversos medios de la vida social. Los batracios son entes premunidos de
la capacidad de hincharse a dimensiones increíbles con su propio aire interior. Se los
encuentra dedicados a diversas actividades, aunque en este último tiempo han dado en
parapetarse en el siempre oportuno muro de la instrucción. No hablamos de educación,
sino de esa rama espúrea y engañosa de la mera repetición de contenidos muchas veces
vacíos de las profundidades filosóficas, necesarias para la vida espiritual de los
pueblos. Utilizan formas rebuscadas de expresión como vectores aberrantes o
hablan de construir aventuras, no pocas veces los hemos escuchado
referirse a la masa crítica y otras linduras que los llenan de orgullo en su
soberana soberbia. Las aventuras se emprenden, se inician o se continúan, pero ¿cómo se
construyen? Difícil imaginar a un personaje construyendo aventuras, en vez de
aventurarse a emprenderlas...
Los cangrejos
son criaturas torpes, aunque se sienta mucha ternura verlos en su ingenua majestad jurando
que avanzan, cuando en realidad van caminando hacia atrás. Se ubican con mucha facilidad
en los gobiernos comunales de la provincia y manejan cantidad inmensa de recursos que
invierten en lo que ellos creen que es el progreso. Claro, un progreso que los lleva
siempre a contar con la aceptación de la mayoría: se rinden al populismo y malgastan los
dineros olvidando aquello de que hay que enseñar a pescar en vez de regalar el
pescado. Pero el negocio rinde buenos dividendos y como la maquinaria mal llamada
democrática permite estas movidas, ellos simplemente la utilizan. Ninguna
culpa podemos atribuirle al porcino sino a quien le proporciona el sustento. Y es la
imperfecta democracia protegida la que permite el caldo de cultivo de esta especie y de
otras que iremos conociendo a medida que caminemos este sendero haciendo camino al
andar para descubrir, tal vez, que sólo son las huellas propias el camino y que
las pisadas se vuelven invisibles o sólo efímeras como estelas en el mar. Los batracios
tienen la cualidad de irse de lengua en cuanta ocasión se les presenta y se equivocan a
menudo en sus peroratas. Es que carecen de una interfase eficiente que
conecte pensamiento y lenguaje. Algunos solemnes y eminentes catedráticos opinan que
carecen de pensamiento, pero eso permanece en tierra dividida y aún no logra ser una verdad evidente. En cambio, a los cangrejos, cubiertos de una dura caparazón,
no les entran balas. Bonachones, arribistas, aunque un tanto rastreros, se deslizan en
cualquier terreno alguien los llamó los todo-terreno de
la polis- y parece ser así. Hablan poco, pero muy regado. Su acción es
directa y nunca dan puntada que carezca de hilo. Son eficientes, efectivos y eficaces en
la administración de las culpas ajenas y de los erarios, ajenos también, pero tan
tentadores. (Publicado en "La Provincia", 29 de julio de 2002) |
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