| Narradores
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Ana Leyton
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Poetas
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Investigadores
Igor Goicovic
Luis Villarroel
Dra.Carmen Galarce |
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Ana Leyton Gómez
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Ana Leyton fue una
entre millones de chilenos que estudiaron el liceo y la Universidad bajo
dictadura. En estas páginas, entre el recuerdo y la ficción, nos ilustra
los estados de ánimo de una generación que sólo tenía puños y rabia –y
una pizca de organización -, para enfrentar a poderes fácticos
transnacionales que tomaron posesión de nuestro territorio en 1973 y
arrasaron con todo: con los indiferentes, con los “consecuentes”, con la
“loquita buena pa’l pito”, y también con el arribista de medio pelo que
creyó que podría agarrar algunas migajas en el festín de los ricos.
Pasaron desde el trauma y la impotencia a la
creación artística, la especulación teórica y los sueños libertarios.
Sabían más del Ché y de John Lennon que del chileno Recabarren.
Probablemente ignoraban que, a fines de 1851, sus tatarabuelos
subversivos del “Ejército de los libres”, que disparaban con balas de
plata, habían desafiado el poder central y controlado La Serena y
Copiapó por casi dos meses.
La autora es hoy profesora de estado en castellano.
Con “Imágenes”, participó en la producción de “Cuatro autores del
Choapa” y recientemente obtuvo mención honrosa en el Concurso
Nacional de Poesía “Juegos Florales de Vicuña”.
Como
todos los jóvenes idealistas en “pueblo pequeño”, miran su pasado con
nostalgia y orgullo, porque se saben herederos del ejemplo libertario,
ético y humano de aquellos que se inmolaron en defensa de la soberanía y
la dignidad del pueblo, es decir, de todos nosotros.
¡La última obra!
EPIDAGUERROTIPOGRAMAS:
PEQUEÑOS ESCRITOS FOTOGRÁFICOS
VERSOS
UNIVERSITARIOS EN TIEMPOS DE DICTADURA |
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Contamos con la autorización de la autora
para publicar su obra en internet de manera exclusiva. |
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Un cuento y dos versiones
La primera, en texto en azul marino, aparece en
Relatos militantes,
precedida de la siguiente narración. La segunda, en texto azul, aparece
en
Cuatro autores del Choapa
SU FUERZA PARECÍA
ANCESTRAL
Eran
guerreros por excelencia, fuertes, grandes, y lejanos. Parecían enviados
desde donde el Inca dejó sus huellas, parecían chasquis o chamanes,
artesanos o talladores de piedra. Había uno que recuerdo en especial,
juntando las cañas que sonaban con cientos de sonidos ancestrales como
llamado al aire, al sol y a la alegría que hacía que mis ojos se
iluminaran cuando estaban tristes.
Y como chasquis, mensajeros,
descubrieron los caminos, desplazándose los días sábados a mostrar sus
cantos en la Recova, y a través de los cantos callejeros, mostraron una
actividad cotidiana de artistas de una raza firme que no destiñen con
los rayos del sol.
Y los
fines de semana, parecían Quijotes de la noche o tal vez Lazarillos de
una borrachera permanente de estrellas. No los tallaba ni un cincel, no
los aturdían los golpes, no los derrotaba el discurso, eran los
resucitados de una raza en extinción, por lo tanto, nada los movía de su
punto en el espacio.
Guerreros duros acostumbrados a hablar con el mar y con el valle, antes
de que nadie lo hiciera, ellos ya habían descubierto el código de la
luna y el sol, ya habían aprendido el lenguaje ancestral del espacio en
la tierra.
Sin embargo, emborrachados de
noche, descuidaron la vigilia del cometa que pasó y que nunca más
podrían ver desde su encantamiento.
LA PROTESTA
“Las palabras son el conjuro mágico
capaz de generar el cambio”
La conversación cobraba interés en aquellos tiempos, los colores jugaban
a encontrar la primavera, el parque invitaba a la plática candente del
amor, la política, la cultura y las artes. La transformación del mundo a
través de las palabras reinaba en el ambiente, todos dirigían el cambio,
todos se sentían gestores de la revolución. Las caminatas nocturnas
terminaban al amanecer. La trasnochada era habitual los fines de semana,
entre la brisa poética y la discusión política, los rostros jóvenes y
energéticos cobraban dimensiones de hermosura frente al sexo opuesto.
Entre todos se distinguía Juan,
quien tenía el rostro marcado por la difícil subsistencia de quien nunca
tuvo un hogar con una madre cálida esperándolo al atardecer a la vuelta
de la escuela. En ese momento tenía la mirada fija en su interlocutora,
como un águila a punto de emprender el vuelo tras de su presa, pegaba
fuertes golpes en la mesa, mientras defendía la postura Stalinista, como
única forma de implantar un sistema justo para el pueblo:
-No ves como tú lo ves, chiquilla
ingenua, no sabes lo que es vivir en la miseria. ¡No lo sabes! Si no lo
entenderías, esto no es cuestión de moda, de cuentos, de películas, esta
es la verdad del que tiene hambre, del que muere luchando por vivir.
-¿Y es mi culpa acaso haber nacido
donde nací? No lo es, no se elige donde nacer. Además que todo es más
trascendental que como t{u lo ves. Son ideales, es llegar a construir
también el espacio donde queremos vivir y que también vivan nuestros
hijos, donde no exista más injusticia.
-
Y tú crees que la
subsistencia no es algo trascendental. ¡Se nota que nunca has tenido
hambre! ¡Entiende! La única forma de llegar es a través de la vía
insurreccional y si para eso algunos tenemos que morir, lo haremos; la
otra forma, con la que tú sueñas, demora, no sirve, lo que pasa es que
la gente como tú tiene miedo. ¡Tienes miedo, eso es lo que pasa!
-
-La educación es la que
genera los cambios y no la violencia.
Ahí estaba frente a ella, la
atacaba, la culpaba, el origen burgués para él era un gran muro que no
podrían atravesar jamás juntos. Pasaron muchos minutos desde que comenzó
la discusión, era inútil, la lucha de clases estaba entre ellos, como
una gran barrera.
De pronto sintieron que debían
irse, al salir del local, se dieron cuenta de que había amanecido, se
despidieron en la puerta, presintiendo que la discusión política, había
sido el punto irremediable de la separación.
Los dos querían el mismo fin,
pero, no de acuerdo con los mismos procedimientos; sin embargo, la forma
de ver la realidad los hacía también distintos, en uno la postura
extrema de cambiar las cosas, y en ella, la conciencia de defender los
derechos humanos de acuerdo a sus principios y valores.
Todo estaba preparado para el día
siguiente, el primero dispuesto a todo con el vendaval de su carácter
revolucionario contra todo lo establecido, y a pesar de lo que Juan
pensaba, ella también dispuesta a todo, pero con clama y basándose en
que los cambios y las transformaciones, son lentas y deben hacerse
respetando formas.
-
Bueno –dijo Juan- para qué
seguir discutiendo, no lo entenderías nunca, tendrías que nacer de
nuevo.
-
-La vida no puede ser sólo
esto, ¡entiende! La forma también es importante, no sacamos nada con
conseguir los cambios a costa de la violencia.
-
¿Queda otra alternativa?
¿Crees que las palabras van a enfrentar las armas?
-
-No se trata de eso, hay que
crear estrategias, hay que organizar al pueblo y educarlo.
-
-¡Para qué? Para que una vez
conseguido ese objetivo vuelvan de nuevo a matarlos a todos ¡Bonito! Lo
que pasa es que tienes miedo. Bueno, ¿se reunió el dinero para la compra
de materiales?
-
Aquí está.
Tenía un montón de libros de
psicología de la educación sobre el velador, pero optó por la ventana
abierta, era lo máximo respirar el aire puro de la mañana, para sentirse
parte de toda esta inmensa vida, de todo ese paisaje de otoño hermoso
frente a la ventana de su cuarto de pensión.
Dejó que transcurrieran los
minutos. Se levantó luego, la ducha ligera, el espejo, su cabello
peinado hacia atrás, los zapatos de taco bajo, el chaleco ancho, como la
falda, ancha también, los lentes sobre su nariz respingada. Cogió los
libros y caminó hacia la universidad. Al cabo de un minuto apareció
Juan, con su aspecto normal bastante cambiado, preparado para ese día.
Lo enfrentó:
-Está todo en el bolso.
-Faltó Pedro, ¿te quedas?
-Ya sabes lo que pienso.
-Está bien, entiendo tu miedo (con
sonrisa burlona), supongo que te contactas después de esto.
-No hay problema, todo está listo
por si cae alguien.
-Chao, miedosa. Entiende, no se
puede de otra forma –y casi infantil dijo -¡a defender la vida con la
vida!
-No me entiendes, no puedes.
-Por si acaso, quiero que canten
“La Internacional” en mi entierro –rió.
Eran las diez de la mañana cuando sonó la
primera bomba lacrimógena con el fin de asustar al estudiantado que se
encontraba en el frontis de la biblioteca. Unos pocos corrieron,
(pero
la mayoría, permaneció indiferente; continuaron los discursos sobre el
paro estudiantil, cada vez más enardecidos)
pero dotados por algo que mágicamente les había dado la fuerza para no
sentir miedo; es seguro que lo único capaz de provocar esa temeridad tan
grande, eran las palabras, cargadas de valentía y de razones, de
sentimientos, de emociones, que así nutrían la mente y el espíritu, que
los hacían sentirse poderosos, que los hacían fuertes y como dije antes,
“dotados”.
De pronto, la
protesta se hizo valiente. Con los puños en alto, entraron al viejo
edificio, sólo aplaudían. Un sonido único y monótono se escuchó en todas
partes. Todos miraron hacia los estudiantes que espectadores de la
valentía de sus compañeros de universidad, miraban asombrados, algunos
se unieron a la manifestación, los otros permanecieron como estatuas sin
movimiento, el pánico parecía atornillarlos en el suelo. Los de la
protesta caminaron hasta el frontis de la facultad de Ingeniería. Las
fuerzas especiales de carabineros los esperaban en actitud de guerra,
ellos continuaron cogidos de las manos, apretados, sabían que la cadena
humana era lo único que podía salvarlos, ya en ese punto, no había
alternativa. Se sentaron todos en la escala amplia y numerosa en
peldaños. Fue allí donde se escuchó el grito impertinente del “y va a
caer”, expresado por uno de los participantes, y entonces, los pacos
corrieron dispuestos a todo, era lo que estaban esperando para
desencadenar la cruda golpiza en contra de los estudiantes. Los obreros
de la construcción que se encontraban en las ventanas del edificio
realizando su trabajo, gritaron muchas veces enardecidos, sin medir las
consecuencias, pensando que todo comenzaba y terminaba allí, con los
puños en alto: “asesinos”, se escuchó nítido en la valiente mañana del
mes de agosto. La cadena humana, al romperse, dio pie a la debilidad de
los manifestantes y provocó el estallido de la agresividad de los
enardecidos defensores de la dictadura.
De pronto lo vio, lo reconoció a
pesar del pasamontaña, sus movimientos hermosos, valientes, agresivos lo
destacaban entre los demás. Se quedó agazapada, su corazón latía fuerte
luego que una “molotov” estallara cerca de donde ella se encontraba,
pensó que mejor correría hasta donde estaba el grupo, allí sola se
sentía más desprotegida, se movió en dirección a los demás, ahí fue
donde lo vio, era uno de los estudiantes del primer nivel de su carrera,
el pequeño y delgado de la mochila artesanal, estaba sangrando tirado en
el suelo, sintió que se quejaba, hizo una pausa, volvió a replegarse
esperando el momento para llegar hasta allí, ya no era su objetivo salir
de su escondite para llegar al grupo sino para llegar hasta donde estaba
el pequeño bulto quejumbroso; el corazón cada vez latía más, pero tenía
que llegar, logró salvar el miedo y corrió.
De pronto se vio encandilada por
el foco de luz inmenso, sintió que algo la abofeteó, como una fuerza
sobrenatural que la llevó a cogerse de algo para no ser expulsada lejos,
sintió que no lo había logrado. No supo lo que pasó, sólo advirtió que
se encontraba en un espacio extraño, sentía un olor a madera, oloroso,
agradable, natural, era como una barraca, un galpón, sus pies no tocaban
el suelo, llevaba una túnica blanca, la fuerza de gravedad no
funcionaba, un extraño soplo la elevaba y la hacía etérea, luego el
salto al vacío para quedar eternamente sintiendo una sensación de
libertad...
Quedó tirada en medio de la
protesta, mientras todos empuñando sus manos “¡el pueblo, unido, jamás
será vencido!” En medio de barricadas y sonidos de bombas...
Gritos y carreras, manos y piernas, latidos
fuertes muy fuertes en el pecho. ¡Qué no detengan a nadie! ¿Dentro de la
universidad nos protegeremos, que allí no podrán entrar! Por algunos
minutos un poco dispersos, al cabo de unas dos horas más o menos y
pasado el peligro, nos reunimos de nuevo y comenzamos a ver “quién falta
y a quién vio cada uno”, Lamentablemente, dos o tres alumnos detenidos.
No podemos dejarlos solos, hay que ver quién nos ayuda... Ya no podemos
parar, ha comenzado una lucha activa por la reconstrucción de nuevos
sueños...
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Ana Leyton: Poesía y pueblo |
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Nuevo premio recibe Ana Leyton
Imágenes del lanzamiento de
Relatos Militantes |
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